Bolzano nos recibe con lluvia y esta nos acompañará, con más o menos intensidad a lo largo de toda la semana.Siempre recordaremos el primer Passo, el primer descenso y el primer pueblo tirolés. Nos sentimos fuertes y nada nos asusta. No nos imaginábamos que el alemán iba a competir de tú a tú al italiano.
Y si hay otro puerto mágico, este es el Stelvio. El más alto de los Alpes. El tiempo nos da tregua y disfutamos de otra subida larga e inolvidable. Las motos nos faltan el respeto, no se dignan a respetar nuestro esfuerzo y nos pasan rozando una y otra vez. Sólo algún coche nos da ánimos y parece reconocer que quien tiene prioridad sobre el preciado espacio de la carretera somos nosotros, y no los vehículos motorizados. El descenso es aún más espectacular, sus 48 curvas hipnotizan a Aitor que volverá a subirlo en el único día de descanso planificado, tres días después.
La jornada previa a Bolzano es un paseo por los maravillosos bidegorris que pueblan esta zona. Tanto que se les llena la boca de bonitas palabras sobre la sostenibilidad, más de un político debería aprender de cómo se mima al transporte en bicicleta por estos lares.
2ª SEMANA
La segunda semana será un calco a la primera. Permanecen en nuestras retinas el Gardena y Sella, que los pasamos bajo un dilubio, al igual que Falzarego. La Tre Cime di Lavaredo juega al escondite con nosotros y solo cuando empezamos el descenso nos muestra su imponente silueta. El puerto legendario de esta semana es la Marmolada (Passo Fedaia). Lo subimos por el lado"fácil" y alucinamos de lo que debe ser la subida por el otro lado. Nos da lástima no tener tiempo para subirlo aunque seguimos hacia delante pensando en otra ocasión...Finalmente el Passo Rolle, por ser tan bello y por ser el último gran Passo nos deja como recuerdo del grito de rabia después de más de 40 kms de puertos contando el Passo anterior.
Hasta la próxima
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